Cuento I
Caminaba mientras el crepitar de la hojarasca musicalizaba sus pasos. Su andar cansino develaba el peso de las responsabilidades propias de la adultez. Miraba el último poniente que se escondía tras los árboles de roble, inmóviles y de pie. Frenó súbitamente y se tumbó en la alfombra de tonos entre amarillos y marrones que se extendía en el suelo del bosque. Se puso a recitar un poema de Cortázar: “Al árbol ya cortado no lo claves en tierra, porque su copa seca no engañará a los pájaros.”(...) Ojeaba hacia arriba en orgulloso silencio, la luz se se filtraba en pequeños hilos. Fue su último encuentro con el sol.